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miércoles, 9 de octubre de 2013

PARA GUSTOS, COLORES



Cuando nos encontramos en la recta final de la temporada, Madrid recibe de nuevo los últimos platos fuertes del año con la consolidada Feria de Otoño; carteles en los que, los que ocupan los primeros puestos no suelen apuntarse, ya que creen que al posicionarse en la zona más alta del escalafón, no tienen porqué medirse a estas alturas de temporada.
Más bien los carteles de otoño están reservados para gestos de toreros que quieren escalar a los primeros puestos (caso de Iván Fandiño), de novilleros punteros que necesitan dar el salto a matador de toros para lo que utilizan Madrid como trampolín ( caso de Javier Jiménez el primer día de novillada; y el segundo se produjo la alternativa de Ritter, el pupilo del desaparecido Antonio Corbacho ) o la aparición de toreros que estando en la cuerda floja buscan un triunfo para seguir manteniéndose e intentar mejorar su estatus ( caso claro de Manuel Jesús el Cid ).
Comenzó la feria con una novillada fría del Ventorrillo que no cumplió su cometido de lanzar a los novilleros al siguiente escalón por su falta de raza, por lo que no dio opciones de triunfo. Nos quedaron varias cosas claras, Javier Jiménez está muy toreado y puede dar el salto cuando quiera pues el novillo ya se le queda chico, y Diego Fernández dejó destellos de un toreo muy puro que esperemos no pierda en esta difícil carrera.
La corrida del Puerto de San Lorenzo no sirvió más que para mandar al hule a un “nockeado” Joselito Adame que volvió a demostrar sus ganas yéndose a la puerta de chiqueros, y del que nadie sabe como mató al toro después de recibir semejante paliza teniendo el peroné partido y abandonando la plaza a pie. Cosas inexplicables de seres de otro planeta.
La corrida de Adolfo Martín en Madrid es un arma de doble filo porque el público es mayormente torista, con lo que siempre están de parte del toro, y así es un tanto complicado hacer faena, y eso unido a los pitidos constantes del 7, se hace la tarde insoportable. Cortó Ferrera la única oreja de la tarde al único toro que se dejó, demostrando una vez más el buen momento que atraviesa y al que solo me atrevería decir que no haga cosas raras porque en el toreo “ya está tó inventao”.
El segundo día de la feria se daba la primera de las dos citas de Iván Fandiño, que si bien estuvo correcto no llegó a lo que él pretendía con esta fuerte apuesta en Madrid, con las corridas de Victoriano del Río y Adolfo Martin. La primera tarde cortó una oreja muy merecida ante una tarde que se esfumó tras la faena de El Cid a un toro cumbre de Victoriano del Río. Sin lugar a dudas esto ha marcado un antes y un después en la tarde ya que a partir de entonces, se eclipsó todo con la faena del Cid a “Verbenero”, toro cumbre que mereció más que una ovación mientras era arrastrado por las mulillas.

Desde luego no puedo negar que el Cid se volvió a encontrar en unos pasajes más que en otros con el mejor Cid que recuerdo, pero que hace mucho tiempo que nadie veía por las plazas de toros. No vayamos a negar que todos los aficionados estábamos cansados de ir a ver una y otra vez al de Salteras y que solíamos ver a un torero abúlico, quizás un tanto aburrido y acomodado en un lugar del escalafón que sin grandes triunfos, nadie entendía cómo se anunciaba en muchos de los carteles de las principales ferias. Ya  se presupone la mano que mece la cuna del Cid, se sabe y todos somos conscientes de ello, pero aquí todo el mundo traga y mientras nadie diga lo contrario, seguimos con la partida de cromos, que lo aburrido del juego es que siempre intercambien los cromos repetidos, así que siempre tenemos a los mismos hasta en la sopa. Encima de este puesto casi vitalicio, el muchacho tiene el mayor bajío en los sorteos que yo haya tenido constancia, pero eso no es para echárselo en cara. Es que hay algunos que nacen con estrella y otros nacemos estrellados porque resulta que por decir esto, casi me crucifican en twitter mención con el torero incluída. Y que yo sepa yo siempre digo lo que veo y guste a quien guste voy a seguir siendo fiel a mí misma. Sólo pido para mí el mismo respeto con el que yo trato a las personas porque en el toreo como en todo en la vida…para gustos, colores.

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